¿Qué es Pentecostés?
El nombre Pentecostés proviene del griego y significa «quincuagésimo»: se celebra cincuenta días después del Domingo de Resurrección y diez días después de la Ascensión de Jesús. Mucho antes de convertirse en una fiesta cristiana, ya era una antigua celebración judía: Shavuot, la Fiesta de las Semanas, que conmemoraba la cosecha del trigo y, en la tradición posterior, la entrega de la Torá en el Monte Sinaí. Esa historia acumulada no es casual. Según los Hechos de los Apóstoles, fue precisamente durante esta concurrida fiesta de peregrinación cuando tuvo lugar el acontecimiento que los cristianos llaman la venida del Espíritu Santo, en una Jerusalén repleta de judíos llegados de todos los rincones del mundo conocido.
El Relato en los Hechos
El segundo capítulo de los Hechos comienza con los discípulos reunidos en un mismo lugar, identificado por la tradición como el Aposento Alto donde Jesús había celebrado la Última Cena con ellos. De repente, el texto narra que un sonido como de un viento recio y violento llenó la casa. Lo que parecían lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de los presentes. Comenzaron a hablar en otras lenguas, y la multitud que estaba afuera los escuchaba proclamar las maravillas de Dios en sus propios idiomas nativos: partos, medos, egipcios, romanos y otros comprendían cada palabra.
«Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.» — Hechos 2:4
El acontecimiento atrajo a una multitud, y algunos burlones sugirieron que los discípulos estaban ebrios. Pedro el Apóstol se levantó y los interpeló directamente, citando al profeta Joel —«derramaré mi Espíritu sobre toda carne»— y declarando que Jesús de Nazaret, crucificado y resucitado, era Señor y Mesías. El discurso está registrado como uno de los más decisivos de la historia cristiana primitiva: ese día fueron bautizadas unas tres mil personas.
Pentecostés y el Nacimiento de la Iglesia
La teología cristiana ha entendido desde antiguo que Pentecostés es el momento en que la Iglesia comenzó a existir como un cuerpo vivo, lleno del Espíritu, en el mundo. Si la Resurrección confirmó la identidad de Jesús de Nazaret, Pentecostés equipó a sus seguidores para llevar ese mensaje hacia afuera. Los discípulos, que habían permanecido en gran medida ocultos desde la crucifixión, salieron públicamente y con una valentía sorprendente. Pedro el Apóstol —quien había negado a Jesús tres veces apenas semanas antes— predicó ahora sin vacilar ante miles de personas.
El milagro multilingüe es leído también en clave teológica como una inversión de la confusión ocurrida en la Torre de Babel, donde el lenguaje humano fue dispersado. En Pentecostés, el lenguaje se convierte en vehículo de unidad y no de división. Cada nación escucha en su propia lengua. El simbolismo es deliberado y profundo.
Legado y Celebración
Pentecostés se celebra en prácticamente todas las ramas del cristianismo y es considerada una de las fiestas principales del año litúrgico, a veces llamada el «cumpleaños de la Iglesia». En muchas tradiciones se conmemora con vestiduras o decoraciones de color rojo, que representan las lenguas de fuego. El acontecimiento también dio origen al movimiento pentecostal del siglo XX, que pone especial énfasis en los dones del Espíritu descritos en los Hechos, entre ellos el hablar en lenguas, la profecía y la sanación.
Para los historiadores, el relato plantea interrogantes sobre la naturaleza precisa del fenómeno lingüístico descrito y el tamaño de la comunidad primitiva. Para los creyentes, esas preguntas importan menos que la convicción de que algo irreversible ocurrió en Jerusalén aquella mañana: un momento que puso a un pequeño y asustado grupo de seguidores en un camino que transformaría el mundo antiguo.