Marcos el Evangelista

Autor del Evangelio más antiguo

¿Quién fue Marcos el Evangelista?

Marcos el Evangelista, conocido en el Nuevo Testamento como Juan Marcos, fue un judío cristiano del siglo I que se convirtió en una de las figuras más importantes de la iglesia primitiva — no mediante una conversión dramática ni un llamado apostólico, sino a través de la palabra escrita. Se le atribuye la autoría del Evangelio de Marcos, considerado por la mayoría de los estudiosos modernos como el más antiguo de los cuatro Evangelios canónicos, compuesto probablemente entre los años 65 y 70 d.C. Su nombre completo, Juan Marcos, aparece en los Hechos de los Apóstoles, donde se le identifica como hijo de una mujer llamada María, cuya casa en Jerusalén era lugar de reunión para los primeros creyentes.

Marcos era primo de Bernabé, el fiel compañero de Pablo el Apóstol, y gracias a ese vínculo familiar entró en contacto con el círculo de la misión apostólica. No era uno de los Doce, pero su cercanía a las figuras centrales del movimiento le otorgó un acceso íntimo a los eventos y tradiciones que moldearían el Evangelio más dinámico e inmediato del canon.

Marcos y el apóstol Pedro

La tradición más arraigada en torno a Marcos es su estrecha relación con Pedro el Apóstol. El padre de la iglesia Papías de Hierápolis, escribiendo a principios del siglo II, registró que Marcos actuó como intérprete de Pedro y que el Evangelio que lleva su nombre era esencialmente una transcripción fiel — aunque no estrictamente cronológica — de la predicación de Pedro. Esta afirmación es respaldada por Clemente de Alejandría e Ireneo, lo que le otorga un peso considerable en la tradición temprana. La Primera Carta de Pedro parece confirmar el vínculo, al referirse afectuosamente a «Marcos, mi hijo» (1 Pedro 5:13), expresión entendida como parentesco espiritual.

Si esta tradición es correcta, el Evangelio de Marcos es menos una composición literaria que una memoria viva — el testimonio ocular de Pedro filtrado por la pluma de Marcos. Ello explicaría la textura singular del texto: un ritmo vertiginoso, detalles físicos precisos y una inmediatez casi cinematográfica. La palabra «inmediatamente» (en griego: euthys) aparece más de cuarenta veces en el texto.

Viajes misioneros y una célebre ruptura

Marcos acompañó a Bernabé y a Pablo el Apóstol en el primer viaje misionero descrito en Hechos, pero se retiró antes de que la misión concluyera, regresando a Jerusalén sin explicación registrada. Las consecuencias fueron serias. Cuando Bernabé propuso llevar a Marcos en un segundo viaje, Pablo se negó. El desacuerdo fue tan profundo que dividió a los dos misioneros: Bernabé se llevó a Marcos a Chipre, mientras Pablo eligió a Silas. Es uno de los momentos más humanos del libro de Hechos — una disputa entre gigantes sobre la fiabilidad de un joven.

La historia, sin embargo, no termina ahí. En sus cartas posteriores, Pablo menciona a Marcos con evidente afecto y respeto, pidiendo a Timoteo que lo traiga consigo porque le es «útil para el ministerio» (2 Timoteo 4:11). Cualquiera que haya sido el tropiezo anterior, Marcos había demostrado su valía.

Legado y el León de Venecia

La tradición sostiene que Marcos fundó la iglesia en Alejandría, Egipto, convirtiéndose así en el padre del cristianismo africano — un legado de enorme trascendencia histórica. Es venerado como mártir: se dice que fue arrastrado por las calles de Alejandría y ejecutado durante el reinado del emperador Nerón.

Sus reliquias fueron trasladadas posteriormente a Venecia, donde se construyó en su honor la magnífica Basílica de San Marcos. Su símbolo, el león alado, proviene de los versículos iniciales de su Evangelio — que no comienzan con una genealogía ni un relato de nacimiento, sino con una voz que clama en el desierto, audaz e indómita. El león le sienta bien. El Evangelio de Marcos no introduce al lector con suavidad. Comienza a toda velocidad y nunca llega a detenerse del todo.

← Volver a la Biblioteca