La Crucifixión

Viernes Santo — La Muerte en el Gólgota

El camino al Gólgota

La Crucifixión no llegó sin una larga sombra previa. Tras La Última Cena y la angustia de La Agonía en el Huerto, Jesús de Nazaret fue arrestado, juzgado ante el consejo judío y entregado al prefecto romano Poncio Pilato. Pilato, según los Evangelios, no encontró motivo legal para la ejecución, pero cedió ante la presión de la multitud. Jesús fue flagelado, coronado con espinas en burla de su condición de rey, y obligado a cargar su propia cruz por las calles de Jerusalén — una procesión que la tradición cristiana conoce como la Vía Dolorosa, el Camino de los Dolores.

Fue conducido a una colina fuera de las murallas de la ciudad llamada Gólgota en arameo, que significa "el lugar de la Calavera" — Calvario en latín. Dos criminales fueron crucificados junto a él, uno a cada lado.

La muerte en la cruz

La crucifixión era uno de los instrumentos más brutales del poder romano: una muerte lenta por agotamiento y asfixia, diseñada tanto para la humillación pública como para el castigo. Según los cuatro Evangelios, Jesús fue clavado de manos y pies a una cruz de madera. Sobre su cabeza, Pilato ordenó colocar un letrero con las siglas INRIIesus Nazarenus Rex Iudaeorum, "Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos."

Los Evangelios registran varias palabras pronunciadas desde la cruz, entre ellas un grito de desolación tomado del Salmo 22:

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" — Mateo 27:46

Según Lucas, también pronunció palabras de perdón hacia sus verdugos y prometió el paraíso al criminal arrepentido que estaba a su lado. El Evangelio de Juan recoge que María, Madre de Jesús, estuvo al pie de la cruz junto a María Magdalena y el discípulo amado. Tras aproximadamente seis horas, Jesús murió. Los Evangelios Sinópticos describen el velo del Templo rasgándose en dos, un terremoto y una oscuridad que cubrió la tierra — señales que los evangelistas presentan como de alcance cósmico.

El sepulcro y el momento inmediato

Un miembro del consejo judío llamado José de Arimatea solicitó el cuerpo a Pilato y lo depositó en un sepulcro nuevo. Nicodemo, quien en su día había visitado a Jesús de noche, trajo especias para el entierro. La tumba fue sellada y, según Mateo, custodiada por soldados romanos a petición de los sumos sacerdotes, que temían que los discípulos robasen el cuerpo y proclamasen una resurrección.

Esa proclamación llegaría en pocos días — pero la Crucifixión en sí misma era ya el eje sobre el que todo giraba.

Significado teológico e histórico

Para los cristianos de todas las tradiciones, la Crucifixión no es simplemente una tragedia histórica, sino el acto central de la salvación. Pablo el Apóstol, escribiendo a los corintios, la llamó el núcleo de su predicación: la cruz como el poder y la sabiduría de Dios hechos visibles. Las teologías de la expiación — la idea de que Jesús murió en lugar de, o en nombre de, la humanidad — han moldeado el pensamiento cristiano durante dos milenios.

Históricamente, la crucifixión como práctica romana está bien documentada, y la ejecución de Jesús bajo Pilato es mencionada por fuentes no cristianas, incluido el historiador romano Tácito. El acontecimiento se conmemora cada año en el Viernes Santo, el corazón solemne de la Semana Santa, que culmina en La Resurrección celebrada en Pascua.

← Volver a la Biblioteca