¿Quién fue Esteban?
Esteban aparece en el Nuevo Testamento como uno de los siete hombres elegidos por los apóstoles para servir a la primera comunidad cristiana de Jerusalén. Los Hechos de los Apóstoles lo describen como un hombre "lleno de fe y del Espíritu Santo", designado diácono — uno de los primeros en ocupar ese cargo — para supervisar la distribución justa de alimentos entre las viudas de la comunidad. Desde el principio, era un hombre fuera de lo ordinario.
Su elección tuvo lugar tras Pentecostés, cuando la joven Iglesia crecía con rapidez y las necesidades prácticas se multiplicaban. Los apóstoles, entre ellos Pedro el Apóstol, necesitaban hombres de confianza para atender la administración cotidiana y poder concentrarse en la enseñanza y la oración. Esteban fue uno de los primeros elegidos, y pronto demostró ser mucho más que un administrador.
Predicador, Hacedor de Milagros y Provocador
Esteban no se limitó a sus funciones logísticas. Los Hechos registran que realizó "grandes prodigios y señales entre el pueblo" y participó en agudos debates públicos con miembros de varias sinagogas de Jerusalén. Sus adversarios no podían igualar su sabiduría ni el espíritu con que hablaba. Frustrados, recurrieron a la calumnia: sobornaron a hombres para que lo acusaran de blasfemia contra Moisés y contra Dios.
Llevado ante el Sanedrín — el mismo consejo que había condenado a Jesús de Nazaret — Esteban tuvo la oportunidad de responder. Lo que siguió fue uno de los discursos más extensos del libro de los Hechos: un recorrido panorámico por la historia de Israel desde Abraham hasta Moisés, el Éxodo y la construcción del Templo, que culminaba en una dura acusación contra el rechazo reiterado de Israel a los mensajeros de Dios.
"¡Duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como hicieron vuestros padres, así hacéis también vosotros." — Hechos 7:51
El consejo estalló en furia. Esteban, imperturbable, declaró que veía los cielos abiertos y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios. Eso fue suficiente. La multitud se abalanzó sobre él, lo arrastró fuera de la ciudad y lo apedreó hasta la muerte.
La Muerte que Cambió la Historia
La ejecución de Esteban no fue solo el fin de una vida: fue un punto de inflexión en la historia del cristianismo primitivo. Entre los presentes, observando con aprobación y guardando los mantos de los verdugos, se encontraba un hombre llamado Saulo de Tarso. Ese mismo Saulo pronto dirigiría una feroz persecución contra la iglesia de Jerusalén, dispersando a sus miembros por Judea y Samaria. Sin embargo, pocos años después, Saulo protagonizaría la conversión más dramática del Nuevo Testamento: La Conversión de Pablo en el camino a Damasco.
Las últimas palabras de Esteban resonaron como un eco de las de Jesús en la cruz. Oró: "Señor, no les tomes en cuenta este pecado" — un gesto de perdón radical que la tradición cristiana ha considerado durante siglos como una semilla plantada en la conciencia del futuro apóstol Pablo el Apóstol.
Legado y Significado
Esteban ocupa un lugar único en la memoria cristiana como el Protomártir — el primero en morir por la fe tras la resurrección. Su historia estableció un modelo: proclamación audaz, acusación injusta, una visión de la gloria divina y una muerte afrontada con perdón en lugar de amargura. Siglos de mártires seguirían ese mismo patrón.
Su fiesta, celebrada el día después de Navidad en la Iglesia occidental, sitúa su muerte inmediatamente junto al nacimiento de Cristo — una declaración teológica deliberada sobre el costo del discipulado. Sigue siendo venerado en las tradiciones católica, ortodoxa, anglicana y en muchas iglesias protestantes como modelo de valentía, elocuencia y gracia ante la presión más extrema que pueda imaginarse.